Siempre creí ser afortunada, hasta que un día la verdadera suerte vino a buscarme.
Y dio la casualidad, de que la suerte llevaba tu nombre y apellidos.
Y dio la casualidad de que conocerte, tal vez no era una casualidad.
Y dio la casualidad, de que contigo, todo eran casualidades.
Y dio la casualidad más importante de todas... Dejé de creer en la casualidad, para creer en ti.
Y fue entonces cuando comprendí que todo puede ser nada; y que nada también puede serlo todo.
Eres todo lo que quiero; y nada de lo que quiero perder.
TE QUIERO, 30#.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
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